La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
Se muestran los artículos pertenecientes al tema El sr. y la sra. Z. 13/08/2007El sr. y la sra. Z (seis): la caza de la zorraCarta por bajo manga. Vértigo. La señora Z se toma su tiempo antes de abrirla, lee el remite en varias ocasiones, la gira entre sus manos, acaricia su contorno, la acerca a sus labios, intenta respirarla, la huele, no huele a nada, vuelve a mirarla, sólo media cuartilla, deduce, sólo media. Abandona las zonas comunes y se dirige con ella, oxígeno y campos abiertos, hacia un rincón apartado del jardín y se esconde, dándole la espalda a la casa tras el tronco de un gran roble. Al abrir el sobre intenta no destrozarlo, precioso tesoro por donde él pasó sus dedos, y extrae la hoja de su interior. La despliega, le tiemblan las manos, comienza a leer. Raúl ha decidido que ya no puede esperarla más, viaja lejos, con otra, una, no dice quién, alguna puta indiscutiblemente, y no le deja una dirección donde localizarle. Traga saliva. Se le humedecen los ojos. El sueño se detiene. Raúl ya no existe, la prueba ante sus ojos, la puerta escandalosa abierta, frías corrientes de aire, un agujero, el vacío. La nada. La nada que ya era la nada antes de que la carta llegara a sus manos. Saca un pañuelo y se seca la cara, sofocada por el disgusto y por la angustia y en última instancia por el orgullo. Pobre corazón. Se obliga a romper sobre y carta en tantos pedazos pueda y componiéndose el peinado, regresa a la casa, entrando por el despacho del señor Z. Pasando por delante de su mesa. Estoy teniendo una erección severísima, querida —le espeta en ese momento a la que se comunica con él telefónicamente lunes, miércoles y viernes. Cuando llega a la alcoba cierra mansamente la puerta. Lunes, 13 de Agosto de 2007 17:54. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: El sr. y la sra. Z Hay 5 comentarios. 20/05/2006El sr. y la sra. Z (cinco): tal como éramos
El señor Z no siempre fue repulsivo a los ojos de la señora Z. Durante los primeros años de relaciones, cuando todavía no le reclamaban débitos y coqueteaba con la idea de mudar a escritor de novelas subidas de tono (o guarras, como anotaban sus juiciosos parientes), sentía verdadero fervor por él; los borradores que escribía, llenos de escenas fascinadoras, le hicieron sentir gran vértigo y consiguieron que el sexo se le disgregara por todo el cuerpo hasta prácticamente convertirla en un coño de los pies a la cabeza. La llamaba por el telefonillo, que subo a verte, y nada más escucharle le lubricaba la boca, incontenible chorreándole. Al cerrar la puerta y acercársele y pegarle el cuerpo y poner sus pies entre los de ella y notar así que venía caliente y duro, húmedo, suyo, se deshacía como un polo y donde quiera que le pusiera las manos, se trastornaba, sin más, corriéndose una y otra vez en un éxtasis que no necesitaba agudezas para inundarla hasta las orejas. Antes de publicar la que hubiera sido su primera novela, al señor Z le requirieron desde el holding familiar y él hizo frente a sus compromisos. Fue por entonces cuando el coño de la señora Z comenzó a encoger. Menguó mucho. Hasta casi hacer pop, y desaparecer. Sábado, 20 de Mayo de 2006 17:16. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: El sr. y la sra. Z Hay 19 comentarios. 16/11/2005El sr. y la sra. Z (cuatro): agujasLa cuarta entrega de la serie la escribe Portnoy: ¿viejo? ¿gran? ¿asiduo? colaborador de esta casa. Dice así: La señora Z suspende su labor, junta las dos agujas y escucha la respiración entrecortada por el esfuerzo de la lectura del señor Z.. Jadea, amor mío, jadea como un cerdo. Recuerda otros jadeos impregnados de saliva que llegaban a su oreja desde atrás, donde el señor Z. se agitaba presa de un frenesí bestial. La bestia, piensa, el cerdo que hay en ti, amor mío. Y vislumbra en la acerada punta de las agujas el rastro olvidado de la sangre de Raúl goteando hasta el suelo donde se oscurecieron en un charco viscoso. Renuncia a seguir tejiendo y mientras observa al señor Z. deja que las gafas se deslicen por la curva de su nariz cayendo finalmente sobre su pecho sujetas al cordón que envuelve su cuello. Su mirada se concentra en el señor Z. como si pudiera, observándole fijamente, penetrar en el interior de su cabeza. Un hombre es sólo esa cosa inhiesta que les precede cada mañana, una tumefacción sanguinolenta, la carne henchida que en última instancia controla sus actos y piensa por ellos. Un cuerpo cavernoso repleto de sangre, una ficción de espacio inexistente y que, sin embargo, muestran orgullosos y beligerantes al enemigo. Todo es cuestión de tamaño, de intimidación brutal, de supremacía tribal. Los hombres siguen siendo un poco animales, piensa la señora Z. haciendo tintinear la punta de las agujas. Eso explicaría lo de Raúl: Un plan del señor Z. pensado con la polla y ejecutado por pelotas. Una estupidez. Lo vi en una película, dijo el señor Z., una película de esas independientes de los años setenta cuando independiente era sinónimo de cutrez nos comemos a no sé quien de Paul no sé qué en fin he pensado que podemos hacer lo mismo ahora con internet y eso será mucho más fácil lo único que debes hacer es mostrarte disponible atraer a infelices con promesas sexuales no es como prostituirse no pongas esa cara no debes llegar a ese extremo si no quieres aunque si lo deseas sí será lo mejor porque en esos momentos es cuando un hombre está más desprevenido es más vulnerable sería como en esa otra película del manchego ese la de los toros pero con agujas de tejer en vez de peinetas la pequeña muerte convertida en muerte real la sangre brotando como un manantial de vida de su cuello atravesado por las dos agujas el hombre agonizante sobre ti y tu toda empapada de sangre creo que me estoy excitando querida luego luego nos comemos a la víctima filetes costillas suculentos caldos jamones embutidos y entrañas entrañas como el señor ese del Ulises que se comía un riñón y luego tu y yo en la cama yo detrás. La señora Z. suspira aliviada. Pensó en Raúl y en su sangre jamás derramada. Quizás le escriba esta noche, pensó atravesando al señor Z. con su mirada. 09/11/2005El sr. y la sra. Z (tres): trabajos forzososNota mis manos que te siguen nota mi cuerpo que te llega déjame que desde la espalda mirando tu nuca oliendo tu olor dulce y salado sienta en mis manos tus muslos tibios fértiles deja que suba en ellos que me aproxime con la cadencia de un paseo de domingo que suba a donde baten las olas déjame que toque el mar como en el primer baño que moje mi dedo que lo bese que ese dedo sea la vanguardia que recorra la playa que note la marea déjame que te acaricie que note tu sexo como tú notas el mío a la espera como soldados en la trinchera deja que te acaricie suave arriba y abajo sin prisa con intención con la voluntad de oler tus gemidos con la necesidad de oír tus latidos a mí me gusta oler tu nuca me gusta cuando huele a sal y a deseo cuando huele a tu cuerpo abre tus piernas y déjame entrar deja que mi mano te acompañe déjame que me sienta revivir que me funda que me hunda que note el contagio del calor casi sin movernos déjame que te tome de tu savia a la mía hazme tuyo inténtalo paso los labios suavemente por tu pubis arriba abajo suave arriba abajo un calor de terciopelo juego a su alrededor y vuelvo siempre a él noto su sabor con mi saliva te bebo me bebo tienes los ojos cerrados abandonada no dejo que cierres las piernas aunque lo intentas te quiero plena en flor abierta dulce te bebo te huelo te siento en calor en cercanía tu sexo de oro dulce y yo como un animal doméstico que quiere calmar su sed noto tenso el pezón juego pellizco y sigo acariciándote te miro quiero que me sientas mirarte quiero que te derrames mirándome quiero lamerte besarte mojar mi cara en ti ese mundo en el que me pierdo como un aventurero y mi mano libre busca ese pezón que corona ese pecho sensual despacio empiezo a acariciarte con el rostro en los muslos pasando la barbilla por entre tus piernas pero negándote la lengua todavía y mientras murmuro sin poder remediarlo cómo te deseo cómo quiero volverte loca de placer tú no dejas de mover las caderas cada vez más excitada pero te quedas quieta como congelada cuando de repente sin aviso te pongo la punta de la lengua en el clítoris y dejo que la saliva resbale por todo el sexo en brazos te llevo a la cama te dejo de espaldas te recorro busco la entrada que me espera correrme contigo como un animal gemir como una bestia herida te follo desesperada y violentamente te agarro de las caderas y me meto en ti muy pegado mis movimientos se confunden con los tuyos como la hoja de una espada te noto me muerdes me gimes te agarro te corres me inundas de calor y placer siénteme desde dentro como un estremecimiento como el olor de la hierba como una luz que ciega mientras te tengo sujeta por las caderas gime lucha córrete en mi oído anticipas mis movimientos recoges las piernas te recorro los muslos y vuelvo a penetrarte lentamente hasta mezclarme en ti noto que me contraes que me llevas quisiera dominar pero me dejo llevar me abandono a la cálida fortuna tus piernas en torno a mí tus gemidos tu boca entreabierta el pelo derramado tus pezones…
La contemplación extática me impide centrarme en la escena, querida, se lamenta el Señor Z soltando la pluma. Suspenden la corrida por falta de maneras y valor, silencio y pitos en el tendido siete, piensa la señora Z.. Tampoco es la primera vez, y sonríe volteando la página. 18/09/2005El sr. y la sra. Z (dos): primeros intentos sobre 8:30 amCuando el señor Z toma entre los dedos una tostada con mantequilla y confitura, el tiempo de la señora Z se contiene. Para acompasarlo, ella deposita con resignación la cuchara en su platillo de té. Como es costumbre su esposo se inclina sobre el servicio de mesa y moja la tostada hasta la mitad. A pesar de conocer los efectos, persistentemente hasta la mitad. Tal y como es de prever, al morderla no es capaz de abarcar la cantidad suficiente entre los labios —la porción pulcra, la corrección— y le quedan los pelos del bigote llenos de sebo, chorreándole además algunas gotas de leche por la perilla abajo. Inclusive varias fracciones arrancadas y no devoradas de pan se precipitan de nuevo en el café desde una altura colosal, salpicando el mantel de hilo. Mientras el señor Z acaba de cebarse, la señora Z, apropiadamente, apoya los brazos sobre la mesa con la vehemente certeza de que necesitaría verlo muerto, abierto en canal con el cuchillo de mesa, disgregándose por una monstruosa herida o electrocutado friéndose en su inmensa montaña de miserias, pero enseguida. Que ella apuraría su té sin perturbarse. 29/07/2005El sr. y la sra. Z (uno): presentaciónAnoche en el dormitorio de los Z se produjo un suceso que encendió las alarmas de la señora Z, que abrirá abismos entre los miembros del matrimonio y que desencadenará la ingesta masiva de benzodiazepinos y psicotropos. Durante el coito semanal de los sábados, la señora Z se salió de la formación habitual y estiró un brazo sobre el pecho de su esposo, yendo fatalmente a detener la mano sobre la boca de éste, descubriendo que tenía al menos cuatro dedos de lengua fuera y que la agitaba como un guarro —gritos textuales— en el aire. La señora Z dejó de lubricar en el acto, y el señor Z no pudo impedir ni que su semen acabara brotando y se derramara entre las piernas de su esposa, ni que ésta lo echara de la alcoba, ni que horas más tarde le pasara por debajo de la puerta unas líneas de caligrafía angulosa que según fuentes oficiales contenían la rogativa: “Dios quiera que me recupere para este lunes-tarde. Tengo cita con la modista y en este estado imposible que me tome bien las holguras”. |
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